Pueblos ¿mágicos?

A pesar de que en México siempre se ha buscado un cierto fomento al turismo nacional, con la finalidad de apoyar la economía local, esta decisión no siempre “ayuda” a las localidades que se suponen que ayudaría.

En el país existen un total de 111 pueblos, los cuales constituyen una “privilegiada lista” que cuenta con esta denominación. Actualmente, el Estado de México y Puebla son los Estados que cuentan con más Pueblos Mágicos y Estados como Baja California, Campeche, Colima, Guerrero y Tabasco, únicamente cuentan con uno.

Los requisitos para formar parte de este grupo son:

  • Tener una población de 20 mil habitantes como mínimo.
  • No hallarse a más de 200 km de un destino turístico principal.
  • Constituir un Comité Pueblo Mágico, formalmente.
  • Tener un programa de desarrollo turístico local, de cara a los próximos tres años.
  • Garantizar servicios de salud y seguridad pública para el turista.
  • Evidenciar el atractivo simbólico o cultural de la localidad.

Irónicamente, este programa, que comenzó en el año 2001, y que tuvo su mayor impulso en el gobierno de Felipe Calderón (2006-2009), comienza a hacer estragos en los habitantes de los pueblos que pretende ayudar.

Según Vanessa García Blanca, activista, académica y docente en la Universidad Iberoamericana, la entrada a este programa afecta de manera considerable a los habitantes de los lugares ya que, al incrementar el turismo, también se tiene que garantizar la comodidad del turista, por lo que cientos de negocios o cadenas comerciales  entran para desbancar a los locales.

Como ejemplo se puede tomar el caso de los hoteles, ya que con la entrada de cadenas hoteleras a estos pueblos mágicos, los tradicionales hostales o casas de huéspedes quedan obsoletos, dejando a familias enteras sin sustento. Otro caso igual es el de las tiendas de conveniencia ya que a la llegada de los mini supermercados, como Oxxo y  Eleven, las tienditas de la esquina han dejado de vender sus productos, lo mismo pasa con los restaurantes y los bares.

Según Vanessa: “ponen a las indígenas o mujeres artesanas a hacer un huipil pero más fancy, más como para señoras ricachonas, ya no tradicional, y te lo venden –por decir algo– en unos tres mil pesos”.

Unos de los grandes problemas que se ven en estos lugares, es que a los artesanos antes se les permitía estar en las calles o hacer uso de las los lugares públicos; ahora sólo se les permite vender sus producto en el zócalo.

Esta situación no es la peor opción que puede haber, ya que “relativamente” al hacer sus artesanías pueden, de cierta forma, tener un control de sus ganancias al ser sus propios jefes, sin embargo, la otra opción que tienen los artesanos es terminar siendo empleados de una cadena como Oxxo o de bares como La Chilanguita.

 

 

 

 

 

 

 

@TotalmenteProle

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