El maltrato de los Delfines

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Este fin de año, navidades o primero de enero, como le quieran llamar, pintaba bien y de lo lindo. Las añoranzas, los sueños de reencuentros y bellos momentos junto a la familia, guardados por casi un año de duro trabajo desde aquí, desde allá, se endulzaban con la realidad del abrazo y el beso que tan abandonados quedaban en el ciberespacio.

Todo vale y merece la felicidad familiar, nada alcanza o compensa el valor del beso materno. Por eso todos los esfuerzos, aunque costaran días de reventarse trabajando, no importaría si por veintitantos días podías despertar en un ambiente agradable, sin exigencias locas, solo el poder respirar familia, cubanía y ese agasajo que otrora la definiera y acuñara la virtud de la matanceridad.

Sin más rodeos y con el desprendimiento característico, con el orgullo de invitar a una amiga de la familia a que conociera por primera vez los encantos de mi Cuba, mi Varadero. Con los bombos y platillos que llevan el celebrar mi tierra, comienza la búsqueda de un lugar que nos brindara poco, aunque fuera al mayor precio, solo queríamos paz y un trato natural.

Allí aparece más de lo que pedíamos, bien caro, pero bajo una irresistible promoción: “Islazul. Es una cadena hotelera cubana, encargada de la gestión de promoción, venta y alquileres de habitaciones en los hoteles de dicha entidad a lo largo de toda la isla, constituye la principal red hotelera en el país.

A lo largo y ancho del archipiélago cubano, Hoteles Islazul pone a su disposición un producto único que lo hará sentirse como en familia. Instalaciones hoteleras y extrahoteleras de playa, ciudad y naturaleza, diseñadas con el firme propósito de complacer los más exigentes gustos, con un servicio personalizado, avalado por la calidad con que se brinda, y la vinculación de estas a la cultura e idiosincrasia cubanas, son los rasgos que Islazul ofrece y que la distinguen.”

Dígalo usted mismo ¿lo compra o no? Si no sabe de lo que hablo le explico brevemente, olvídese de “los más exigentes gustos” o el “un servicio personalizado”. Concentrémonos en la “idiosincrasia cubana”, amigo si no es de aquí, si no lo ha vivido, al menos en internet ha podido leer lo que es un cubano, un amigo cubano o la inigualable atención criolla que heredamos de nuestros viejos. El cubano te abre la puerta de su casa en chancletas y te exprime en un abrazo como de toda la vida, te dice “Pasa que estás en tu casa” y lo hace en serio porque no te enseña donde están las cosas “Tienes que registrar y dejar la pena que tú eres mi hermano”. En fin, el cubano, el de verdad, te recibe sin que te anuncies y te da hasta lo que no tiene, no quiere que te marches y le importa un carajo quedarse con los bolsillos limpios o sin bolsillos.

Pues retomando el tema, yo y mi familia lo compramos. Casa “CDR Grande” de la calle 35, entre Primera avenida y Autopista, quién no da lo que sea con esta promoción y ver que serás cliente del Hotel Los Delfines: Vanguardia Nacional 1996-1997; Destacado en el Aporte a la salud 1999; Gran Premio Convención de Turismo 2002 y Empresa en Perfeccionamiento Empresarial desde el 2003. Qué más quiere un simple mortal. Este es el paquete completo, y no hablo del que me costara a seis meses de trabajo el día.

Nuestras exigencia bien pocas, cuatro habitaciones donde sacar el cansancio de tanto sacrificio, limpieza, donde darse un buen baño luego de la playa, un poco de televisión para los días de lluvia y los cacharros necesarios para hacer nuestras comidas. Pero la realidad en Los Delfines fue otra, bien divorciada de su promoción y nuestra idiosincrasia.

El “recibimiento”, si así se le puede decir porque de bienvenida ni rastro, traía un poco de cultura sí, pero solo un poco y colgaba en su muñeca izquierda. Aquella amarga experiencia inicial llevaba un iddé rojo y blanco, diferente al amarillo y verde mío, pero no por los colores, sino por la carencia del buen trato que distingue a la cultura afrocubana. Como quién le importa un carajo lo que quiere decir “cliente” y en las maneras más burdas de nuestros solares, condena a mi diverso grupo familiar a no mirar ni tocar nada hasta que me muestre las cosas de la casa a mí. Y aquí comienza la tanda de terror…

Limpieza, buen olor, pintura, muebles sanos?, jajaja! Primera habitación, reventada las paredes del moho y la humedad; cocina o lo que quedaba de ella con más cosas sin funcionar o incompletas que funcionales; segunda habitación sin ducha, solo el tubo; la tercera con el aire acondicionado roto y la cuarta al igual que las demás, excepto la primera, con el televisor roto. Y para calmar mis interrogantes, va la señora y me suelta la mejor de sus promociones, “… atiendo 31 casas y de cuatro habitaciones esta es la mejor”…

Luego de algunos subidones de presión, de tragarme el bochorno con nuestra amiga, con mi madre, mi padrastro y mi hermana. Luego de asimilar lo que es sentirse tratado como un miserable, luego de tanto y tan malo, llega una solución aceptable que agradezco al gestor de la oficina de Islazul en Varadero. Se insultó tanto como yo y logró que nos ubicaran en la 35-122 “FMC”. No puedo decir que fuera lo ideal al inicio, pero luego de meter manos a la obra y limpiar, destupir tragantes y matar unas cuantas cucarachas, le dimos el ambiente de hogar que buscábamos.

Ya a estas alturas y con la tormenta vencida que podía ir mal? A disfrutar se ha dicho, sin importar que “… lo bueno de Cuba siempre algo verde te cueste”, como dice mi buen Frank Delgado. Pasan los días y entre tanto azul, sol veraniego en diciembre y alguna que otra comida sabrosa, va quedando lejos el recuerdo del “trato personalizado” que nos brindaran el primer día, pero como lo que distingue siempre debe repetirse llega y lo hace para amargarnos el día, cuando poco nos queda de estar juntos.

La pobre camarera, con su espalda destrozada por tener que caminar cuadras y más cuadras con el avituallamiento al hombro, me inspira el acompañarla y ayudarla un poco. Pienso en lo que se tiene que reventar mi madre y mi padrastro para pagarnos estas vacaciones, en lo que se revienta ella de habitación en habitación, para llegar a su casa y poner un plato de comida en la mesa de los suyos. Entra al Hotel Los Delfines para buscarme las cosas limpias de la casa y al salir me informa que su Jefa dice que nos tendrán que trasladar a la primera casa, si a esa de terror con moho y cosas rotas.

Nos tienen que trasladar porque hay unos “Ejecutivos” interesados en ver la nuestra para rentarla permanentemente o lineal como le dicen en el Hotel. Dígame usted realmente si se siente miserable leyendo esto, dígame, si es cubano o humano, cómo lo corroe la vergüenza, cuénteme si es extranjero, como dos de los integrantes de nuestro grupo familiar, cómo nos define a los cubanos ante sus ojos, cómo queda Islazul y su Hotel Los Delfines.

Diga si cree que es demasiado para no contarle del eslogan de la Jefa “… vamos a hablar el mismo idioma, porque hemos ido tres veces y ustedes no paran en la casa”. De risa verdad, de esa risa que sueltas para no mandar a todo el mundo a donde le corresponde. Para no tener que aclarar algunas cosas ahí, parado en plena acera donde me atendieron, donde tuve que bajarle el tono de sal a la sazón que me estaban haciendo tragar.

Se arreglaron las cosas?, al parecer si pero nos jodieron el día nuevamente, ese día que me cobran a 1152 horas de trabajo. Luego de tanto disgusto, maltrato y degradación ni tu familia se salva de tu mala cara, de tu mal carácter y de tu tonito de voz. Aquí todo buen cubano sentenciaría una frase que disfrazaré ante el lector “… le ronca los…”.

Pero me quedan algunos días con los míos, los minutos me avisan que no los volveré a tener por otro año y que estas navidades, este fin de año y Primero de Enero lo pasaremos juntos. Las noticias del tiempo me regalan avisos de verano en diciembre y los recuerdos me hacen valorar que he tenido a mi lado hasta los que no podían estar. Que el amor y la familia lo valen todo, hasta los tragos amargos y las hieles más viles.

Mi idiosincrasia, mi cubanía y mi matanceridad, te invitan a mi casa, te dan las llaves y no te envenenan con propaganda engañosa o competencia desleal. Simplemente te dicen “Estás en tu casa, eres mi hermano, registra y usa lo que quieras”, te exprimen en un abrazo y en tono de burla alivian tus miedos diciendo “Oye socio, tranquilo que esto no es el Hotel Los Delfines”.

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